Crearon una ONG de padres de víctimas de la explotación sexual. El
efecto "Vidas Robadas"
La serie de Telefé amplificó la problemática. 465 casos de jóvenes
secuestradas por bandas proxenetas en todo el país. La inacción
judicial y de la policía. Cómo marcan y reclutan a chicas en las puertas de los colegios.
Tiene cara de recreo. Tiene jeans y pulóver rosa, cara alegre y pelo
rubio. Tiene el cuerpo amuchado entre chicas con trenzas que se abrazan, que se alegran, que se ríen del aire al que miran. Tiene la sonrisa impregnada en ese patio blanco con enredadera verde. Tiene cara de
recreo Mariela Paula Jiménez en ese patio del que se fue. No se sabe
con quién ni adónde. Pero sí que la arrancaron del recreo con destino a un infierno. "Mi hija desapareció de la escuela. Se la llevó alguien sin permiso y después la vieron en Mar del Plata muy flaquita, caminando con
mucha dificultad y en una zona de casas que funcionan como prostíbulos", explica María Celia Wilson, la mamá. Mariela Paula tenía 17 años en su DNI y 14 en su cronología real por un leve retraso mental.
Tenía cara de recreo hasta el 17 de mayo de 2007. Ahora tiene 18. Su
mamá la busca. Pero María Celia no está sola. Está sentada con Gladys Aguilera, Pablo Beltrán y Norma Alicia Villalba en una ronda donde se cruzan las galletitas para saltear el almuerzo con la desazón por la Justicia y la fuerza para no volver a sus casas con el nudo intragable del vacío. Los une la sospecha –con más o menos certezas– de que ellas están esclavizadas por redes de explotación sexual que, según datos de la ONG La Casa del Encuentro, tendría secuestradas a 465 mujeres en la Argentina.
María Celia, Gladys, Pablo y Norma hilvanan sus historias en una ronda
que toma nombre: Madres y Padres contra la Trata, la ong que acaban de crear y que integra la Red Alto al Tráfico y la Trata de Niños, Niñas y Adolescentes. "Se necesita un sistema nacional de búsquedas. Si cuando decís que tu hija desapareció, la policía te contesta: 'Está con el novio', se pierden las primeras 24 horas, que son fundamentales. Al otro día, ya puede estar en otro país u otra provincia", reclaman después de que el Congreso convirtiera en delito, el 9 de abril, la trata de personas.
–¿Cómo desaparecieron sus hijas?
Gladys Aguilera: –Mi hija, Yamila Beltrán, desapareció el 11 de julio de 2006 de la Escuela Nº 33 de Dock Sud. Las compañeras la vieron irse con un muchacho grande. Yo pienso que él la enamoró y la llevó a una red de prostitución. Pero nadie hace nada. En la fiscalía nos dicen: "No
estamos acá para buscar chicos desaparecidos".
Pablo Beltrán: –Yo soy el papá de Yamila y si a nuestra hija no la buscamos nosotros, la Justicia no la va a encontrar. Los papeles de la causa de la nena los tiran a la basura. Un juez de Lomas de Zamora me dijo: "Yo no voy a salir a buscar a tu hija. Vos tenés que cuidarla y saber dónde está".
Norma Alicia Villalba: –Mi hija, Bárbara Florencia Villalba, se fue de
casa el 5 de noviembre. Ella no quería seguir estudiando y yo le dije que tenía que terminar la secundaria para empezar a trabajar.
Era rebelde como las adolescentes, pero no mala de sentimientos. Es
muy raro que en cinco meses no haya buscado ningún contacto. Ella chateaba con alguien más grande. Dios quiera que esté bien y que sea un capricho y no un caso de trata. Pero, a esta altura, pienso que esta desaparición es muy extraña.
María Celia Wilson: –Mi nena desapareció de la Escuela Nº 2 de El Palomar. Me había contado que algunos muchachos se acercaban al colegio para ofrecerles trabajos de modelos. Por eso, firmé un papel para que no la dejaran salir de la escuela sin el papá o la mamá, ya que, con su falta de
maduración, podía ser muy fácil que la engancharan. El día en que
desapareció tenía que salir a las 10.40, pero me llamó a las 9 para decirme que salía antes. Fui para el colegio y ya no la encontré.
–¿Cómo desapareció del colegio?
María Celia: –En el colegio nadie me dijo nada y tampoco la Justicia
investigó por qué no se cumplió la orden de los padres. Además, se está investigando a un pariente lejano que ella no conocía, pero con el que se mensajeaba. Sí pude constatar que viajó a Tucumán en el asiento
número 7 de la empresa El Pingüinito. Aparentemente, la vendieron a
una red de prostitución. En Tucumán hicieron rastrillaje pero no pudieron encontrarla. Después supimos que estaba en Mar del Plata. Me metí en los prostíbulos con la foto de ella pero no la encontré. El 15 de febrero
recibí un llamado de Missing Children diciéndome que a mi hija la
habían visto en la calle Salta, muy delgadita y con mucha dificultad para caminar, en unas casas tomadas que se usan de prostibulo. Hay vecinos que la vieron. Pero cuando la policía hizo el allanamiento, la casa estaba
vacía y a ella ya la habían sacado. Si la Justicia hubiera actuado en
tiempo y forma, mi hija estaría conmigo.
–Hay gente que piensa que sus hijas se pueden estar prostituyendo
porque quieren o les gusta. ¿Cómo luchan contra ese prejuicio?
Gladys: –Cuando fuimos a la comisaría, nos decían que "ella está donde
está porque quiere". Pero ella está obligada.
Pablo: –En la mayor parte de los casos son todos tipos grandes que
llevan a chicas engañadas. No es porque sea mi hija, pero Yamila no era una chica de calle.
–¿Ustedes creen que hay hombres que las conquistan y después las dejan
atrapadas?
Pablo: –La nena quería ir a bailar y la mamá le decía que no. Es probable que haya hombres que aparecen por los colegios y les dicen: "Vení conmigo que vas a poder salir".
Gladys: –O les prometen ropa. Viste que a ellas les gusta vestirse,
tener el pantalón, la remera, todo. Mi hija le escribió a una amiga: "Creo que me enamoré". O sea que la engañaron.
Norma: –Yo le ponía muchos límites y pienso que se fue porque no la
dejaba ir a bailar, y entonces la engañaron ofreciéndole esa libertad.
–¿Creen que eligen a chicas más vulnerables?
María Celia: –Sí. Mi hija tiene un retraso madurativo y la eligieron
porque era más fácil de manipular.
Pablo: –Las siguen, ven cómo se mueven, cómo hablan.
–¿Sienten que sus vidas están retratadas en la novela Vidas robadas
de Telefe?
Pablo: –No la puedo ver porque siento que esa película ya la vi.
Gladys: –Yo la veo y me pongo a llorar.
María Celia: –La novela te abre los ojos en que antes confiabas en una
fuerza de seguridad en la que no podés confiar.
Pablo: –En la novela se muestra cómo no realizan allanamientos. Y a
nosotros nos pasó eso. Conseguimos una orden para que entraran al lugar donde pensamos que estaba nuestra hija. Al otro día fuimos a preguntar a la policía y no estaba. Los vecinos nos dijeron que no habían hecho
ningún allanamiento.
–¿Esperan que la nueva ley para combatir la trata active las investigaciones judiciales?
Pablo: –Los corruptos van a seguir como siempre.
María Celia: –Confío más en la novela Vidas robadas que en la ley. Por
eso nosotros decidimos unirnos para hacer algo porque si no nadie hace nada.
Pablo: –Queremos que aparezcan todas las chicas que están desaparecidas. Todos estamos mal (llora), queremos que aparezcan.
–¿Qué les dirían a sus hijas si ahora pudieran hablar con ellas?
María Celia: –Que las vamos a ayudar y a llevarlas para que hagan un
tratamiento para sacarlas adelante.
Gladys: –Hace mucho que no la veo y quiero decirle todo lo que la quiero.
Pablo: –Que las estamos esperando para volver a abrazarlas.
Primero fueron las Madres. Las que tuvieron que salir a buscar a su
hijos y hasta perder la vida en el intento. Ese ejemplo, en un
sociedad donde los buenos modelos escasean, perduró en el tiempo. Y
otras madres las siguieron. Surgieron las Madres contra el Paco,
cansadas de ver cómo sus pibes se convertían en muertos vivos.
Lideradas por María Rosa, una vecina de Ciudad Oculta, se organizaron
para identificar a vendedores de drogas en los barrios y pedir que les
brindaran ayuda, que les dieran una mano, que nos las dejaran
solas.
Sólo un padre que ha enterrado a un hijo puede comprender a otro que
le ha pasado lo mismo. La tragedia es democrática: iguala y no hace
distinciones de clases. Las Madres del Dolor han perdido a quienes más
querían a
manos de conductores homicidas, policías que en vez de proteger
asesinan y delincuentes, que no sólo roban para vivir, sino que hacen
del crimen su meta en la vida.
Nunca se resignarán
Opinión
Rafael Saralegui
Las Madres de la Trata surgen ahora, frente a un delito silencioso que
crece, se expande y se oculta. Sus hijas son desaparecidas en vida.
Chicas secuestradas, obligadas a trabajar como esclavas sexuales.
Mientras sus mamás esperan una llamada, un dato, algo de donde poder
aferrarse, la tele se ocupa, convierte el drama en una serie y
probablemente haga más que quienes debieran ocuparse. Con las
evidentes distancias entre unas madres y otras madres, todas tienen
algo en común: un Estado cómplice, tonto y ciego. Todas las madres han
tenido que reclamar,
golpear puertas, no recibir respuestas, ser ignoradas, ser engañadas,
maltratadas. Más sufrimiento al sufrimiento.
No se resignarán. Seguirán hasta encontrarlas, hasta encontrarlos.
Hasta obtener una respuesta.
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